27.1.07

Dulces, castas y yogurt

Ayer, en mi último día en Varanasi, fuí con Vanesa a una pastelería a la que había prometido llevarme.En la India puedes encontrar puestos de dulces por todas partes, les encantan, pero es en las pastelerías donde encuentras una gran variedad de pequeños dulces en forma de bolas, cuadrados o rombos. Nos sentamos a tomarlos en lo alto de unas escaleras que se hunden, metros más abajo, en el río. Parece ser que estábamos justo al lado de una escuela, se oía a un grupo de niños recitar. Vanesa me contó que era sánscrito, y por lo tanto solo podía ser una escuela de niños brahmanas, la casta más alta de la India. Parece ser que el sistema de castas va perdiendo fuerza y pureza, pero aún se mantiene vivo en multidud de facetas de la vida india. Por ejemplo, la pastelería a la que habíamos ido estaba regentada por Brahmanas, y sería la única pastelería a la que acudiría un Brahman al considerar que si la comida pasa por las manos de un casta inferior podría estar contaminada. Pero los Brahmanas ya no están consagrados únicamente a labores sacerdotales y puedes encontrarte a un guerrero (Chatria),que forma parte de la segunda casta, conduciendo un taxi. Pero lo que no verás será a un Sudra o un Paria haciendo nada que no corresponda a su baja casta.

Callejeando, de vez en cuando me encuentro unas estancias abiertas al exterior, tan negras como las cuevas de los Nagas en el Himalaya. Al principio no se ve nada de nada, hay que dejar pasar unos instantes para que los ojos, deslumbrados por el mediodía, se acostumbren poco a poco a la oscuridad. Entonces ves a dos o tres hombres removiendo unas descomunales cazuelas negras de hollín, cubiertas de unas costras milenarias que ocultan el metal. Dentro humea la más blanca de las leches. Aquí, entre tinieblas, preparan el yogurt, unos de los postres nacionales en la India.

Mirando por la ventanilla del tren veo desfilar interminablemente pequeñas o minúsculas poblaciones de calles terrosas y casas de adobe con el techo de paja. Hay agua estancada por todas partes. El paisaje es neblinoso y entre los campos de cultivo aparecen algunos árboles emborronados con la distancia. No puedo evitar recordar a Gandhi en su viaje en tren a través de la India, viendo, con sus ojos educados en Inglaterra, la situación del país. Quince horas después de salir de Varanasi estamos entrando en la estación de Howrah en Kolkata, mucho antes de que el tren se detenga van subiendo a la carrera los portamaletas que recorren los pasillos buscando clientes. Es increible la cantidad de equipaje que llevan los indios, y más increible aún todo lo que consiguen cargar estos hombres, hasta tres maletas, una encima de otra, haciendo equilibrios sobre la cabeza y dos bolsas más en los brazos alzados que sujetan la torre de maletas. Los cuervos, graznando, sobrevuelan las cúpulas de la estación, dándome la bienvenida a la ciudad.

2 comentarios:

Maite dijo...

¡Viva Juan Rayos!
Nos encanta leer tu diario cada vez que pensamos "¿qué estará haciendo ahora Juan?" y que seas el "tío Matt" de la familia, pero ya tenemos ganas de que vuelvas.
Un abrazo.

Juan Rayos dijo...

Bueno, bueno, pronto estoy de vuelta, espero que me recibáis con una buena cena. La comida aquí es deliciosa, pero ya empiezo a echar de menos la de mi tierra.
Besos

PD: ah! y no olvidéis el vino