16.5.09

El monzón


Carnicero musulmán que me invita a pasar a su diminuta carnicería para charlar,
mientras corta con un temible cuchillo cabezas y patas de carneros, salpicandolo
todo de sangre.


En teoría el monzón comienza la primera quincena de Junio, pero estamos a mediados de Mayo y ya hay unas tormentas que dan un miedo... La primera fue impresionante, realmente pensé que el monzón se había adelantado y tendría que salir nadando de la estación de bomberos donde me había refugiado. El agua caía a cubos, desdibujando los edificios que habían al otro lado de la calle, un fuerte viento se levantaba súbitamente arrastrando la lluvia con furia, la calle empezaba a desaparecer bajo el agua. Afortunadamente paró de llover y la cosa no fue a mayores. Supongo que si se mantiene lloviendo de esa manera durante mucho tiempo la ciudad termina tal y como la he visto en fotos durante el monzón, un metro de agua allá donde mires. Y me pregunto, toda la gente que viven en la calle y duerme en el suelo... ¿dónde demonios se meten? Desde luego es una ciudad dura, o te ahogas de calor o te ahogas en el monzón.

Ayer vi a un tipo con pinta de extranjero, montado en una bicicleta, llevando una enorme bolsa bandolera a la espalda, mantenía un precario equilibrio entre los taxis y los autobuses. Le deseo la mejor suerte, pero realmente me parece un peligroso atrevimiento. Desde que tengo uso de razón voy en bici por Valencia, y también me moví en bici cuando estuve en Indonesia, en Roma, Berlín o en La Habana, pero aquí sencillamente no me atrevo, ya os he hablado del caos circulatorio, terminaría aplastado entre un camión y un tranvía como un mosquito en menos que canta un gallo. Y si lograse zafarme, probablemente metería la rueda en alguno de los socabones que se abren peligrosamente cada dos por tres. Por no hablar de la contaminación que se debe tragar y los bocinazos que hay que soportar. He intentado contar hasta cinco sin oir ningún pitido, imposible, creo que no llegué ni a cuatro, y normalmente no podía ni empezar a contar.

Ya de noche busco un lugar donde cenar en los alrededores del New Market, está chispeando y voy con mi paraguas, preparado para cualquier cosa. Es viernes y hay una gran animación, esta zona está repleta de letreros luminosos, comercios, cines, restaurantes... Sorteando los charcos que multiplican las luces de los anuncios, veo a las parejas tomando un helado, los taxis amarillos esperando clientes, los carritos de comida trabajando sin parar, un rickshaw consigue sortear el bullicio dejando en la puerta del cine a una india mayor y bastante gorda junto a su joven hijita, pequeña como un pajarito. Mucho más ligero tras dejar semejante carga, el famélico conductor arrastra el carrito chapoteando entre los charcos, se aleja haciendo sonar su campana. Solo me falta un tubo néon como bastón de mi paraguas para encontrarme en cualquier momento a Harrison Ford persiguiendo
replicantes bajo la lluvia.