16.12.06

Un cuento

En un reino muy lejano había un Rey que tenía un enorme palacio que albergaba innumerables maravillas y tesoros, pero lo que este Rey más amaba eran dos delfines para los que había construido un enorme estanque en unos de los jardines más bellos de palacio.

Un buen día los delfines mordisquearon y se tragaron el plástico que protegía el borde del estanque y enfermaron gravemente. El Rey hizo llamar a médicos, magos y brujos, pero todos fracasaron en su intento de salvar a los delfines. Afortunadamente este Rey tenía una hija a la que le gustaba mucho leer, y en su biblioteca contaba con un ejemplar reciente del Libro Guinness de los Records. Preocupada por la suerte de los delfines y la tristeza de su padre, recordó haber leído algo a cerca del hombre más alto del mundo que vivía en los campos de Mongolia y se le ocurrió una idea. Se enviaron mensajeros en su búsqueda y una vez en palacio diez de los hombres más fuertes del Rey sujetaron y abrieron la boca de los delfines mientras el Hombre Más Alto del Mundo estiraba el Brazo Más Largo del Mundo garganta abajo, hasta llegar al estómago, donde agarró con fuerza los pedazos de plástico extrayéndolos, salvando así la vida de los delfines y devolviendo la alegría al Reino.

La noticia original aquí y aquí. Pero es casi lo mismo que mi historia…