20.8.06

Yo soy de goma y tú de pegamento...

... y todo lo que dices rebota en mí y se te pega al momento. Buenas noches.” Así termina el libro que acabé ayer, y no tiene importancia leer primero el final, pues no es una historia con principio y fin, si no más bien conversaciones de dos hermanos durante un verano de su infancia.

"Alfred y Ginebra", del poeta americano James Schuyler, publicada ahora por la imprescindible Pre-Textos, es una novela llena de poesía que se sitúa entre el dadaísmo y el vanguardismo, a la estela de la mejor tradición de literatura infantil. No es de extrañar que en su momento, 1958, confundiera a la crítica hasta el punto de clasificarla como libro infantil. La verdad es que la crítica suele estar bastante confusa (en 1958 y ahora) y si no haces algo bien clarito y fácil de encasillar...

“-Te da miedo pasar por el puente y mirar. Siempre se te cuando estás asustada porque entonces intentas parecerte a Mamá.

-Saldré corriendo y te abandonaré en esta oscuridad cada vez más negra, a merced de conductores imprudentes, y ya veremos quién es el que está asustado.


-Me mojaré en los charcos, me pondré malo, me moriré y entonces lo lamentarás.


-No, no lo lamentaré. Iré a tu funeral y diré: “¡Qué bonito está en su ataúd!”, y lloraré y entonces todo el mundo se compadecerá de mi y me hará regalos. Llevaré puesto un vestido negro con complementos también negros y un sombrero con un velo negro. El negro favorece mucho y te hace parecer mayor. Luego tomaré el dinero de tu seguro y me iré de viaje y conoceré a un extranjero moreno y atractivo.


-¿Cómo te sentaría que te volcase un bote de gusanos en la cabeza?


-¿Y a ti encontrarte tu cama llena de ostras crudas?

-¿Y a ti que te empujasen desde el tejado?

-¿Y a ti que un brazo largo y peludo entrara por la ventana y te agarrara cuando no te des cuenta?
"