31.8.06

Una pequeña desgracia…

…puede convertirse en una pequeña alegría… al menos con un poco de dinero! Durante la semana pasada en Cabo de Gata, perdí mi preciado iPod, un shuffle, el más pequeño de la familia, pero no por ello menos querido. Una vez de vuelta, y habiendo comprobado lo irremediable del asunto empecé a hacerme la idea de comprar otro nuevo, ¡qué le vamos a hacer, ahora no podía vivir sin él!

Entonces mi hermano me dijo, ¿y por qué no un iPod nano?. La tentadora voz del demonio se fue colando en mi mente con esta deliciosa idea. El hermano mayor del shuffle, en su versión de 1 Giga, “solo” vale 149 euros… hummmm… y con pantalla en color y con la famosa ruedecita para desplazarte por el menú…

Poco tardé en sucumbir a este impulso consumista, y horas más tarde estaba desenvolviendo el exquisito embalaje que alojaba mi tesoro. Por la tarde recorría el Mercadona haciendo la compra del día, mientras Zbigniew Preisner sonaba en mis oídos. De este modo la compra se convierte en otra cosa, me desplazaba por entre los pasillos y las conservas levitando unos cuatro centímetros por encima del suelo…