22.9.08

Inauguramos la expo













Después de varios días de duro montaje, luchando contra viento y marea, es decir, casi sin material, ayudados por voluntarios solícitos pero inexpertos, con cortes de luz por la noche y un sin fin de problemas... conseguimos inaugurar la exposición con éxito. Poco antes vino un calígrafo chino ex profeso para pintarnos el título de la exposición en la pared de la entrada. Todo un personaje que se tomaba muy en serio todo el ritual que acompaña a su caligrafía, untando el pincel con cuidado, gesticulando vigorosamente al pintar y moviéndose adelante y atrás para observar el resultado con gestos de aprobación y concentración.

Durante inauguración no faltaron fotógrafos, periodistas, criticos y toda la parafernalia, que aquí en China siempre es más que en cualquier otro sitio. Lo de la fotos ya se ha convertido en algo habitual, allí donde vayas aparece algún chino que se pone a hacerte fotos o que te pregunta si se puede hacer una foto contigo, muchas veces esto provoca un efecto dominó, empiezas con uno y luego viene su hermana o su primo y luego otro que pasaba por allí y cuando ya te intentas escapar, alguien te sigue unos metros disparado algunas fotos más.

Antes de ayer salimos de la vieja ciudad amurallada por primera vez desde que llegamos, (llevamos aquí nueve días pero parece casi un mes) y fue un shock. El interior, con sus callejuelas, viejas casas de ladrillo y un uniforme color tierra que parece cubrirlo todo, es un submundo aislado por la muralla, al traspasarla te encuentras con la China moderna (bueno, más o menos moderna, esta es una ciudad pequeñita...) con el trafico, amplias avenidas, ruido de camiones, grandes almacenes... y te das cuenta hasta que punto estamos en una burbuja allí dentro, una ciudad fundada en el siglo XIV.

15.9.08

Primeros días en Pingyao


Anoche fue la fiesta de la Luna Llena de Verano y pudimos disfrutar de una cena especial en el patio del hotel, mientras a nuestro alrededor y por toda la ciudad, se hacían explotar todo tipo de petardos y fuegos artificiales. El patio estaba a rebosar, en estos primeros días a Moritz (el comisario de la exposición) y a mi nos han alojado en el hotel de los trabajadores, un lugar modesto pero con todo el encanto de las construcciones chinas tradicionales. De este modo nos unimos a ellos en el desayuno, comida y cena, degustando gran cantidad de platos chinos. Como decía, anoche fue un tanto especial, estaba presente el Boss del Festival, había cerveza, mooncake y tuvieron que sacar una mesa más al patio dónde nos colocaron junto al jefe (nosotros éramos los únicos occidentales).

A la hora de comer te colocan un cuenco vacío delante, junto a un par de palillos, y en el centro de la mesa se van apretando platos y más platos con todo tipo de comida. Puedes tomar una sopa o arroz en el cuenco mientras vas a la caza de lo que más te gusta con los palillos, haciendo equilibrios con la comida hasta que te la llevas a la boca. La verdad es que está todo buenísimo y, exceptuando una especie de gelatina en la que flotan tripas y otras cosas extrañas, lo probamos todo.

Tras la cena, el Boss y sus ayudantes sacaron un viejo proyector de 16mm de tiempos de la revolución y varios royos de película, mientras colgaban una tela blanca al fondo del patio. Nos dijeron que iban a poner una película que no nos podíamos perder, así que aunque hubiésemos preferido escaparnos no nos quedó más remedio que sentarnos. La cosa era peor de lo que nos imaginábamos, proyectaban una película en blanco y negro protagonizada por actores rusos hablando en chino... ¡genial! No tardó en aparecer Lenin y no tardaron en desaparecer los primeros esquiroles. Intentamos aguantar el tipo un poco más, pero cuando empezaban a preparar la tercera bobina y ya no quedaba prácticamente nadie, en cuanto el jefe se dió la vuelta nos fuimos corriendo sin el menor disimulo.

El resto del día lo dedicamos a ver los espacios de exposición, la impresión de las fotografías y el enmarcado de las mismas. Todo tiene una pinta bastante precaria, aunque esto es parte de la "gracia". Los espacios son antiguas fábricas, almacenes y talleres a punto de caerse de viejos, muchas veces sin ventanas o paredes, con polvo acumulado durante los últimos cien años... tienen un encanto indudable, pero en ocasiones están en el límite de las condiciones mínimas para colgar unas fotos...

11.9.08

Me voy a China


Aprovechando la invitación a una exposición de fotografía española en el Pingyao International Photography Festival, me voy unas semanitas a China. Espero que ahora, tras las Olimpiadas, la cosa esté más tranquila, en cualquier caso creo que pasaré la mayor parte del tiempo en Pingyao, donde tiene lugar la expo en la que participo, una pequeña ciudad a medio camino entre Beijing y Xi'an. Parece ser que es la ciudad china amurallada mejor conservada de China, todo el casco antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Según la Wikipedia: "El casco antiguo está rodeado por una muralla de 6 km de longitud y 12 m de altura con seis puertas y unas setenta torres de vigilancia"

Afortunadamente voy bien preparado con el libro que me han regalado Nacho y Blanca, "China en 25000 palabras". Con él bajo el brazo no puede haber mayor problema. Cuando tenga a mano alguna conexión a internet iré contando alguna cosilla. Más abajo una impresionante vista aérea de 平遥

5.9.08

Surf en Somo


Ya ha pasado una semana desde que volvimos del Cantábrico y nada me gustaría más que volver de nuevo allí. El recuerdo de la playa de Somo repleta de surfistas, sentados sobre sus tablas, mirando el mar a la espera de una buena ola, es algo ya imborrable, pero en cuanto podamos, volveremos a repetirlo, pues fueron unos días absolutamente geniales.

Por la mañana nos levantábamos prontito y asomábamos la cabeza fuera de nuestras tiendas, somñolientos y despeinados (especialmente Nacho). Un buen café, unas magdalenas y algunas tostadas terminaban de despertarnos y poco después ya estábamos preparando las cosas para ir a la Escuela Cántabra de Surf, donde Blanca y yo nos habíamos apuntado a un cursillo, Nacho, tras hacerlo un par de veces, este año iba por libre, aunque más tarde nos lo encontrábamos en el mar intentando infiltrarse entre los alumnos como si tal cosa...

Por la tarde Nacho y Blanca se quedaban en el camping Latas o iban a dar una vuelta, yo cogía de nuevo la taba y bajaba a la playa para continuar siendo vapuleado por las olas. Al menos los cuatro primeros días, porque el quinto estaba tan cansado que, muy a pesar mío, ya no pude volver por la tarde, y al sexto día el agotamiento era absoluto, cuando remaba sobre la tabla creía que los brazos se me iban a desencajar de los hombros. Así que, cuando conseguía sobrepasar la zona de espumas, donde rompen las olas una tras otra, empujándote, arrastrándote, empeñadas en no dejarte entrar más allá... una vez sobrepasada esta zona, decía, y alcanzado el pico, o al menos cerca de él, me dedicaba a descansar un buen rato, sentado sobre la tabla, mirando a la gente que sabe y meciéndome por las grandes olas que pasaban bajo mi.

A la escuela íbamos en coche, pero por la tarde podías dirigirte directamente a pie a la playa, acortando por un fantástico camino que primero discurría bajo un pequeño bosque de eucaliptos y pinos, enmarañado de moreras, para luego aparecer en un arenal surcado por algunas pasarelas de madera que salvaban las dunas para llevarte hasta la playa. La vista desde la pasarela, arriba de la duna, justo antes de descender a la playa, era perfecta para ver el mar desde lo alto y hacerte una idea de cómo estaba el panorama. El tercer y cuarto día daba miedo ver la altura de las olas, algunas muy adentro, con los surfistas posados como diminutos puntos negros que subían y bajaban, lanzándose en el momento adecuado para deslizarse por auténticas paredes de agua de dos o tres metros. Yo, prudentemente, me dirigía a una zona más tranquila y básicamente intentaba no ahogarme.

Al atardecer emprendía el camino de regreso, chorreando, agotado y feliz, cruzando de nuevo el bosque de eucaliptos y sorteando con cuidado las enormes babosas naranjas que salían a pasear a esas horas.

10.8.08

Verano y surf



El Jueves nos vamos a Santander, más concretamente a la playa de Somo, una "playa de dos kilómetros de longitud de arena fina dorada y fuerte oleaje" según cuentan... ¡Eso espero! estoy empezando a probar esto del surf (a pesar de que algunos amigos insinúan que ya no tenemos edad para estas cosas...) y las olas del Mediterráneo, más aún en verano, son más bien decepcionantes... Ya se que para empezar es mejor así, pero hay días que te pasas dos horas flotando y dejando pasar olas diminutas que no te arrastraráin ni con una tabla de 11 pies.

Pero bueno, la realidad es que soy un absoluto novato, así que una vez allí voy a coger un curso de iniciación para que no se me trague el mar a las primeras de cambio. Me voy con Nacho y Blanca, que ya son veteranos, este es el tercer año que van. En realidad son veteranos en ir, porque en hacer Surf... ¡ejem! Aunque claro, comparados conmigo, que casi ni logro subirme a la tabla...

En cualquier caso creo que la diversión está asegurada, no veo la hora de salir, ¡el Camping Latas nos espera!

7.8.08

Verano y bosque


De pequeño, cuando los veranos eran interminables y el mundo inabarcable, toda la familia nos veníamos a Biar a pasar una buena temporada. El único momento ligeramente desagradable que recuerdo de esas semanas era la hora de los "deberes para el verano", esas horas incomprensibles en las que debíamos dejar de lado todos los placeres que nos ofrecía el maravilloso y soleado día para revivir la lejana pesadilla del colegio.

Ahora, algo más creciditos, las visitas son más esporádicas, pero de una u otra forma no faltamos a nuestra cita veraniega. Los hermanos nos cruzamos en nuestras idas y venidas y, de vez en cuando conseguimos el más difícil todavía, coincidiendo todos al mismo tiempo. En cualquier caso, siempre están por aquí mi madre y mi tío, de modo que la casa siempre nos recibe acogedora. Y si a ello le sumamos el jardín, la piscina y la sombra de los pinos, unos días allí son perfectos para desconectar y recargar las energías.

Una de las cosas que más me gusta hacer es pasear por los bosques que rodean al pueblo. En pocos minutos te encuentras en las afueras y puedes encaminarte hacia el Pinar de Camús o la Sierra del Fraile. Bosques mediterráneos de pinos y encinas. Allí no se oye nada que no sean algunas chicharras, los pájaros, el viento o el ruido de tus pisadas. De hecho el ruido de las pisadas llega a ser ensordecedor, así que lo mejor es detenerse de vez en cuando para poder escuchar al bosque.

3.8.08

Verano y mar


La semana pasada me fui con el Hippy a dar una vuelta con su velero, una bonita embarcación de 6 metros que tiene amarrada en Canet. Salimos a la hora de comer con dirección al Puig, provistos de fruta, pan tostado con pipas, unas empanadillas y agua fresca. En unas tres horas de navegación llegamos a Hossegor, dónde soltamos el ancla y nos acercamos a la orilla nadando para tomarnos unas cervecitas con Salva. Pero no tardamos mucho en emprender el regreso, preveíamos volver en menos tiempo, visto el viento que hacía al acercarnos al Puig, pero al levar anclas el viento había variado de dirección y el avance era bastante más lento del previsto.

¡Soltar escotas! ¡cazar la mayor! ¡virar a barlovento! eran algunas de las órdenes del Capitán, que me dejó en varias ocasiones coger la caña y hacer algunos virajes a pesar de mi inexperiencia. Pero el sol iba cayendo inexorablemente y aún nos quedaba bastante por llegar. Estába anocheciéndonos cuando divisamos puerto, en ese momento el viento era muy flojo y el Hippy decidió arrancar el motor para acelerar los últimos metros... ¡en ese momento nos quedamos sin gasolina! Abrimos el depósito, estaba seco, sacamos el bidón de plástico de emergencia, ¡vacío! Yo, que ya estaba recogiendo velas, tuve que izar el génova de nuevo, pero ni con esas, casi rozando la bocana tuvimos que virar en redondo para no estrellarnos contra las rocas, desplegar la mayor y volver a intentar entrar a vela. Afortunadamente, aunque el viento era flojísimo, venía en la buena dirección y, gracias a la pericia del Capitán, pudimos entrar lentamente en puerto. De noche, en un silencio absoluto y como de puntillas, avanzamos palmo a palmo hasta llegar al amarre. Al poner pie en tierra nos abrazamos con alegría, era casi medianoche. Al irnos nos olvidamos el bidón de gasolina vacío en el velero.

14.7.08

La boda de mi hermana



A mitad ceremonia salí de la Ermita y miré al cielo, aquello parecía el fin del mundo, un cielo negro, amenazador, cargado de lluvia dispuesta a estropearnos la fiesta, pero solo cayeron cuatro gotas mientras dentro se entregaban los anillos y al salir los novios hasta volvió a brillar tímidamente el sol. Estuvimos al borde del desastre, pero al final todo salió perfecto.

Mi hermana casi se pone a llorar cuando vio aparecer el coche de caballos a la puerta de Los Dos Tilos, era el secreto mejor guardado, una sorpresa de la hermana y el cuñado de Esteban. El novio finalmente se puso muy nervioso esperando a la novia a la puerta de la Ermita. El cura se pegó un buen cabezazo contra una lámpara, que se quedó bamboleando un rato mientras se escapaba alguna risilla entre la concurrencia. El padrino, mi hermano, acompañó elegantemente a la novia y aguantó estoicamente todo el día... tan solo se plantó con el vals, ¡eso ya era demasiado! El jardín lucía espléndido bajo los pinos y los tilos. Los invitados comieron, bebieron, fumaron, bailaron y brindaron a la salud de los novios.

12.7.08

Preparativos de boda


Hoy se casa mi hermana María, la pequeña... ya no tan pequeña, claro, pero la menor de los cinco hermanos y la primera que se casa. Esta semana la casa de Los dos Tilos en Biar anda revolucionada con los preparativos, el banquete lo hacemos en el jardín y yo me estoy encargando de la decoración, esperemos que no llueva, porque el jardín va a quedar fantástico por la noche. Ahora no tengo mucho tiempo para escribir, pero ya haré una pequeña crónica mañana o pasado.

10.7.08

Siete días de sol, mar y estrellas




Regreso, cubierto de sal, inundado de sol, de pasar unos días flotando en las aguas de Menorca. No se me ocurre una manera mejor de pasar unas pequeñas vacaciones y desconectar por unos días del mundanal ruido. Ha sido una maravillosa semana cuya máxima preocupación era que calar elegir cada día.

Hemos paseado por la isla en furgoneta o en moto, he visto vacas y caballos, cabras y tortugas, peces de colores y peces oscuros como el chocolate, incluso he visto peces con alas ribeteadas de azul o vestidos de raya diplomática o con elegantes bigotes blancos. También he visto estrellas rojas y naranjas como enormes gominolas entre las rocas y medusas blancas, moradas y marrones, pequeñas como un dedal y grandes como un sombrero. He visto una morena serpenteando, moteada y peligrosa, antes de ocultarse en una cueva oscura, y un gran pez verde entre algas verdes. He visto un faro blanco al borde de un precipicio y un faro con pijama a rayas azules, azotado por un viento infernal, alzado en un paisaje lunar de rocas con piel de elefante. Y he visto el mar, una joya azul turquesa... o verde esmeralda... apareciendo constantemente, al este o al oeste, al norte o al sur.

Por la noche regresábamos rendidos tras un día de nadar, pasear, tomar el sol, comer pescaditos, beber unas cervezas... Y, al apagar el motor y la luz de la moto, nos veíamos rodeados por un silencio increíble, una oscuridad absoluta... y un cielo tremendo, sin luna, un cielo a punto de estallar al no poder contener tantas estrellas.

8.6.08

Hossegor


Por fin, tras muchas vicisitudes, se inauguró el Hossegor. La expectación era grande, el fresquito también, pero la lluvia nos respetó y tras un día de sol y paellas en la playa, disfrutamos de una fantástica noche con la música de Marvin Deno (en la foto, más abajo) y Dani Pérez. Yo estuve con las visuales, estrenando la nueva pantalla que han colocado allí arriba, como si de un cine de verano se tratase.

5.6.08

Mañana Hossegor


Ahora llueve con fuerza y Salva debe de estar tirándose de los pelos con desesperación, pero mañana sale el sol seguro y la reapertura será un éxito... ¡o eso esperamos!

4.6.08

Casi terminado


Después de seis días de duro trabajo, soportando todo tipo de inclemencias meteorológicas, la finalización del nuevo Hossegor está próxima a su fin. Este viernes 6 lucirá con todo su explendor y la gente podrá juzgar, pero ya estamos seguros de que la inauguración será todo un éxito.

Guti, Llimo, Alan, Salva y yo mismo hemos sido el equipo principal, ayudados por colaboraciones espontáneas de los visitantes ocasionales, Gabi, Germán, Hippy, Toni... Pero sin lugar a dudas una piedra angular en todo esto ha sido Mapi, que nos traía deliciosos almuerzos por la mañana y apetitosas meriendas a media tarde. Su llegada era recibida con gran alegría por parte de los esforzados trabajadores. Otro cantar era la llegada de Ron, el dálmata, todo un torbellino que no podía parar quieto y cuya primera actividad nada más llegar, era mear en cualquier objeto que le resultase interesante, como las últimas maderas con las que estábamos trabajando, la mochila de un recién llegado, o el generador eléctrico.

31.5.08

Empezamos el montaje del Hossegor

(fotogramas para un vídeo)