19.1.07

La Ciudad de la Alegría

Dominique Lapierre llamó a su libro"La Ciudad de la Alegría" y, la verdad, no se me ocurre un título mejor por todo lo que ello implica. Leí el libro hace muchos años, pero algunos fragmentos se me quedaron grabados para siempre. Y tengo la sensación de que el libro es aún más duro que recorrer la ciudad en si, por mucho que a la vuelta de cada esquina salgan a tu encuentro escenas que te dejan sin aliento, con el corazón encogido y el estómago vuelto del revés. Y lo creo por dos motivos, primero por el momento histórico en el que se desarrolla la narración, unos años de fuerte crisis con miles de familias emigrando del campo, huyendo de la hambruna y llegando a una ciudad desbordada e inmisericorde. Y segundo porque el visitante ocasional, como yo, apenas araña la superficie de una ciudad estratificada hasta el límite en todos sus aspectos, mientras el libro se adentra en estos estratos y te conduce a los más pequeños y perdidos resquicios, siguiendo a varios personajes bien distintos que viven, o sobreviven, la ciudad.

16.1.07

Escultores de Dioses

El otro día me dirigí al norte de Kolkata, a unos 4 km del centro, en busca de los escultores de dioses del barrio de Kumartuli. Pedí al taxista que me dejase en Kasi Mitra Ghat, para luego dirigirme a los talleres de los escultores., que calculaba estarían cerca. Pero me parece que el taxista no conocía muy bien el lugar, pues iba preguntando a los transeuntes dónde quedaba el lugar al que nos dirigíamos. Así que, cuando por fin llegamos, no tenía muy claro si realmente estaba donde quería estar. Me puse a andar contemplando el río, haciendo alguna foto de los Ghats y esperando ver algún indicio de Kumartuli. Al cabo de un buen rato ya estaba casi seguro de haber pasado de largo, y estaba a punto de preguntar y desandar lo andado, cuando apareció frente a mi un hombre subiendo de la orilla, donde fondeaba una barca espigada. En su cabeza llevaba un capazo lleno de barro gris, espeso y pesado. Esperanzado seguí sus pasos y casi enseguida vi la primera figura en proceso de construcción, había llegado a Kumartuli, y pronto me encontré con grupos de figuras en formación militar, grises como el barro que traían para moldelarlas, grises como el fondo del río al que irán a parar en Octubre, cuando se celebre el popular Durga Puja y, tras una festiva procesión, los ídolos sean sumergidos en las aguas sagradas.

Kumartuli es un barrio muy tranquilo, de casas y edificios bajitos, la gente parece no tener tanta prisa y hay pequeños pasajes peatonales donde los vecinos sacan sus plantas y no se oyen los pitidos de los coches. Las calles de los escultores, con talleres a uno y otro lado, quedan reducidas a sinuosos pasillos bordeados de cientos de figuras, Durgas con ocho brazos, Saraswatis con sus vinas (intrumentos de la familia del sitar), Shivas con tres ojos... Me muevo con sumo cuidado por un frágil bosque de brazos alzados y ojos sesgados. Reina un ambiente de trabajo, apacible y silencioso, que contrasta fuertemente con la bulliciosa ciudad. Creo que he llegado en el mejor momento, cuando los esqueletos de paja y cañas ya están cubiertos de barro con la forma casi definitiva, pero aún no han empezado a pintarlos; es entonces cuando tienen mayor fuerza expresiva, con el barro húmedo por el modelado o algo resquebrajado por el secado. De alguna manera todo esto me recuerda a Dios, dando forma a Adán a partir del barro, solo que ahora somos nosotros quienes damos forma a los dioses.

14.1.07

New Market

New Market, en el centro de Kolkata, es muy conocido por sus tiendas de ropa, telas o comida. Un lugar donde un extranjero no puede dar dos pasos sin que surja algún caza-turistas dispuesto a perseguirlo hasta el último rincón para llevarlo a sus puestos. Un verdadero fastidio, vamos.

Pero el mercado es realmente grande y se divide en naves independientes separadas por estrechos pasillos que también están a rebosar de puestecitos, con lo que a veces no te das ni cuenta de haber pasado de una a otra nave. Ahora bien, cuando entras en el mercado de carne o en el de pescado te das cuenta inmediatamente. No se que es lo primero que te asalta, si el intenso olor, que inevitablemente te acompañará todo el día, o la visión apocalíptica de un escenario próximo al fin del mundo.

A mi me encanta ir a comprar al Mercado Central de Valencia, muchas veces entro por la puerta de la pescadería, me resulta cómodo por donde vivo y me gusta ver los puestos, con el pescado fresco, las luces de neón, los mármoles blancos y el hielo derritiéndose. Pues bien, crucemos medio mundo para encontrarnos con una estampa bien distinta... pero fascinante, sin lugar a dudas...

Al acercarme a una de las naves, me encuentro con un carrito de madera lleno hasta arriba de enormes peces, no me preguntéis cuales porque no tengo la menor idea del tema. Un hombre los va sacando y dejando caer tres escalones más arriba, en la entrada del mercado, en el suelo más negro que he visto en mi vida. Otros los van recogiendo y distribuyendo por los pasillos. Intentando no pisar ninguno, entro saltando de baldosa en baldosa como Indiana Jones en el Templo Maldito. Dentro hay un frenesí importante, son las siete y media de la mañana y estamos en plena efervescencia. Se corta, se pesa, se trocea, se raspa, tanto las mesas como el suelo son idóneos para trabajar, los pescados se alinean por tipos, los pescaderos levantan sus cuchillos, las mujeres se sientan en círculos y pasan las horas pelando gambas, montañas de pieles y escamas se acumulan bajo las mesas. Al fondo de la nave parece que ha caido un obús, en una pared semiderruida que no llega al techo, un hombre echa una meadita mientras otro, a un par de metros y con una cuchilla entre las piernas, descabeza pescado tras pescado. El suelo es negro, las pareces son negras, el techo, altísimo, es negro, los delantales son negros, pero los peces brillan en las tinieblas relucientes con sus trajes de escamas.

Ni siquiera esto te prepara para la visión del mercado de la carne, a pocos metros de allí. Al entrar me encuentro con un grupo de cabras a la espera del sacrificio, mientras diez o doce cuerpos permanecen en el suelo, sin cabeza ni patas, esperando para ser despellejadas. Las que aún estan vivas se apretujan algo ausentes a lo que se les viene encima, una de ellas mordisquea las tripas de una de sus compañeras que sobresale de un cubo. Este mercado aún parece más grande, alto y negro que el anterior, los cuervos campan a sus anchas y los ves volando o posados en las balanzas, aguardando su turno. Grupos de gallinas con las patas atadas agitan sus alas inútilmente, les cortan el cuello y antes de que paren sus últimos estertores ya están desplumándolas. La sangre corre por doquier, en forma de densos chorretones en mesas y pasillos o diluida con otros líquidos, deslizándose por unos canalilllos que drenan el matadero.

En unas mesas se pesa, en otras se trocea, se deshuesa o despelleja y todo está cubiero de vísceras, tripas, sangre y plumas, mientras yo me esfuerzo por mantener el equilibrio y no pisar nada que no deba. Un par de veces estoy a punto de irme al suelo, esto parece una pista de patinaje. Al final salgo de allí con la nariz embotada por el penetrante olor y ligeramente mareado. La siguiente nave alberga el mercado de verduras y hortalizas. Las patatas, perfectamente ordenadas y limpitas, me miran sonrientes, las frescas y verdes lechugas están apiladas hasta alturas de malabarista, las zanahorias sonrosadas se agrupan fomando una rueda, con las hojas hacia afuera. Huele a tierra y a campo y se me antoja entrar en un mundo de paz y sosiego.

13.1.07

Templos y naranjas

Cerca del puente Horwah hay una zona donde las calles se estrechan, convirtiéndose en callejuelas, que se retuercen, haciéndote perder la orientación. Parece el casco antiguo de Kolkata, esta mañana he pasado un buen rato perdido por estas calles intrincadas. La especialidad de esta zona son los puestos de dulces. Normalmente los comercios se agrupan por gremios y cuando te encuentras una tienda de dulces, aparecen veinte o teinta más, una detrás de otra, repletas de ordenadas pilas de cosas apetitosas, muchas de las cuales no tengo la menor idea de lo que podrán ser. Finalmente compro una bolsa de tortitas formadas por un conglomerado de cacahuetes y algo que recuerda a la miel. Mordisqueándolas sigo caminando y cuando quiero darme cuenta estoy pisando paja seca y blandita. El camino se ensancha y da paso a una amplia zona despejada donde confluyen varias calles y donde varios camiones han fomado un círculo dando macha atrás, abiendo sus compuertas posteriores, cual enormes bocas, desparramando kilos y kilos de fruta sobre esterillas que se combierten en puestos, con sus dueños sentados, contando mandarinas, las piernas cruzadas sobre un mar anaranjado. Los camiones repletos hasta los topes, mezclan el género con paja seca para amortiguar los posibles daños del viaje, parece que han extendido toda esta paja por la zona cubriendo de un mullido manto el asfalto y las aceras.

En uno de los puestos me piden que le haga una foto a un hombre con una gorra roja nueva, cuando luego se la muestro en la pantalla digital todos se acercan entre risas y empujones para verla, terminan arrebatándomela, amablemente, para hacela llegar al jefe y a otros trabajadores naranjas adentro. Continúan los comentarios jocosos y divertidos y se acercan los vecinos de los puestos contiguos. Veo alejarse la cámara de mano en mano con algo de inquietud, pero al poco está de vuelta junto con una naranja y gestos de agradecimiento.

Hoy es sábado y si ya es complicado entrar cualquier día en el Templo de Kali, hoy se hace casi imposible. Largas colas de hombres y mujeres se apretujan y avanzan lentamente. Hay niños y ancianos, mujeres pobres con saris raidos y apagados y mujeres más acomodadas con saris deslumbrantes, perfectamente maquilladas; los hombres llevan doti o pantalones grises, muchos con barba o bigote, con gorros blancos, turbantes de colores o la cabeza rapada. En algunos tramos la fila es tan apretada que los dedos descalzos de los pies tocan los talones del siguiente en la cola, y así sucesivamente. Ocasionalmente se inician algunas discursiones, pero en general el ambiente es de paciente y resignada espera. No parece ser lo mismo en la puerta trasera, donde la entrada se estrecha todo lo que permiten las verjas y donde confluye la cola "oficial" y un nudo de personas que intentan entrar por colas alternativas o de cualquier manera. Aquí las voces suben y bajan de tono como la marea, en algunos momentos hay pequeños conatos de tumulto, los brazos se alzan protestando, la gente apiñada se balancea a un lado y a otro, dentro, un hombre hace sonar un tambor furiosamente, la multitud, en el patio interior, levanta las ofrendas de flores y comida sobre sus cabezas para que no resulten aplastadas. Veo en la cola a una hermosa joven de piel suave y larga trenza apretada y negra como la noche, con su sari granate inmaculado y unas flores en la mano logra mantener una mínima y decorosa distancia con el hombre que le precede. Qué hace en la cola? es una princesa hindú que debería llegar en una carroza o a lomos de un elefante engalanado. En cambio espera pacientemente como una más para poder ver a Kali. Más atrás hay un hombre alto con un pañuelo naranja en la cabeza, ladeado y abultando como un nido de serpiente, debe contener sus rastas, enrolladas y arropadas. Un joven pasa de largo por delante de la fila, lleva de una cuerda un par de cabritas negras, mucho me temo que estas no verán un nuevo amanecer.

12.1.07

Kolkata al amanecer

Mi cuarto día en Kolkata y voy adoptando algunas rutinas, entre ellas, levantarme trempranito para aprovechar las primeras horas del día, el mejor momento para mis fotos. A las cinco y media me levanto y preparo el equipo, sobre las seis salgo al encuentro de un ciudad sumergida en la niebla que empieza lentamente a despertar. Las calles, normalmente abarrotadas, aparecen semidesiertas, cubiertas intermitentemente de cuerpos tendidos y envueltos en mantas o sacos de los pies a la cabeza, como viejas momias egipcias.

Algunos ya se han levantado y encienden los hornillos de los puestos de comida callejeros para preparar los primeros desayunos, otros intentan ahuyentar el frío de la noche alrededor de pequeñas hogeras en las aceras. Las columnas de humo se mezclan con la bruma matinal empañandolo todo de blanco, suavizando así un tanto los duros perfiles de una ciudad que se prepara para un nuevo y furioso día.

En los Ghats, bajo el puente Howrah algunos indús se sumergen en el río sagrado, toman un baño o rezan siguiendo el ritual, se lavan los dientes con la vista perdida en el río... o lavan la ropa o recogen agua o sumergen enormes fardos de hojas verdes que llevan chorreando al cercano Mercado de las Flores. La orilla opuesta apenas se vislumbra y el gigante puente de hierro surge de la niebla para alcanzar la orilla, suspendido mágicamente sobre el río, depositando largas hileras de hombres con todo tipo de bultos en sus cabezas.

Justo debajo hay dos túneles, negros como las alas de los cuervos que tanto abundan en esta ciudad, a su derecha decenas de camiones descargan sus mercancías en un ajetreo de gritos de advertencia y hombres con largos garfios de los que se sirven para agarrar los sacos. Un grupo de porteadores emerge de uno de los oscuros tuneles arastrando un carro, todos cubiertos de blanco, como si de una procesion fantasmal se tratase. Los dejo atras, vociferando y gruñendo, y atravieso el tunel. Al otro lado tiene lugar el Mercado de las Flores y a la ciudad no le queda mas remedio que rendirse por un momento y su costra gris retrocede ante miles de flores de colores imposibles, limpias y billantes, frescas y fragantes, engarzadas en largas cadenas y collares, enroscadas en montañas rojas, amarillas, naranjas o blancas. La fina capa de polvo y polución que cae sobre Kolkata, depositandose en todos los resquicios, no llega a este lugar.

11.1.07

Kolkata

De poco sirvió la lista y tomarme las cosas con tiempo, al final salí de casa y me dejé la Lonely Planet y el Moleskine, de mal en peor! Afortunadamente, en mi escala en Frankfurt, pude comprar la guía otra vez (en inglés) y un nuevo Moleskine, imprescindible, segun Chatwin, si quieres viajar a cualquier parte... Más tarde, en la larga espera aeroportuaria, conocí a un canadiense de barba blanca y prominente barriga. Al día siguiente tomamos juntos un taxi amarillo y cruzamos Kolkata con las primeras luces del día. Decidimos compartir habitación en un ruino hotel colonial cerca de Sudder St., realmente daba pena verlo, parecía que podía venirse abajo en cualquier momento, pero al mismo tiempo tenía cierto encanto, con grandes habitaciones de vivos colores y techos altísimos.

John, el canadiense, es profesor de biología, y ha dejado a su famila y dos hijos en Canadá para recorrer, a sus 62 años, y durante tres meses y medio, India, Nepal y termina en Beijing. Le encanta hablar y en nuestras conversaciones es él quien lo hace casi todo el rato, mientras mis pequeñas intervenciones en un torpísimo y primitivo inglés no parecen desalentarlo en absoluto. Además creo que es tan despistado y desastre como yo, el primer día perdió el pasaporte y terminé encontrandoselo yo en su propia bolsa...

Es curioso reencontrarme con la ciudad que visité hace casi dos años. Aquella primera vez no fue tan afortunada, venía de Varanasi y el choque con la ciudad fue un tanto "brusco". El calor, la gente, el ruido, la contaminación, el caos, la pobreza... uff! fue demasiado, pero siempre he vuelto a pensar en Kolkata y en acercarme de nuevo a esta descomunal urbe. Y esta vez estoy encantado con ella, en parte porque el clima es perfecto, en parte porque ya vengo "mentalizado", y en parte por... quien sabe por qué!!! Pero esta ciudad es absolutamente increible, te desborda, para lo bueno y para lo malo, catorce millones de personas haciendo gran parte de su vida cotidiana en la calle, comiendo, trabajando, durmiendo, bañandose, discutiendo, dando clase, lavándose los dientes, cortándose el pelo, rezando, mendigando, jugando, lavando la ropa... todo lo que puedas imaginar, apenas queda un resquicio por donde andar y muchas veces las tiendas ambulantes ocupan toda la acera y es preferible jugarse la vida y caminar por la orilla de la carretera, por donde circulan como posesos, coches, rickshaws, autorickshaws, motos, bicicletas, taxis, camiones e infinidad de destartalados autobuses de los que es habitual ver gente subiendo o bajando en marcha, todos tocando el claxon a discreción, con desenfrenada alegría. Algunos policías, inmutables, dirigen el tráfico en puntos conflictivo y en el centro pueden verse tres o cuatro semáforos nuevos, pero en el resto de la ciudad todo funciona con el método indio... que nadie sabe muy bien cuál es.

PD: Lo siento, pero en los teclados de por aqui, no encuentro ni acentos ni enyes
Edito: Gracias a Sonia ya puedo acentuar y colocar las eñes en su sitio

7.1.07

Libros para un viaje



Dentro de un ratito salgo para Madrid, y de madrugada tomo el avión para Kolkata. Llevo todo el día preparando la mochila y he salido a hacer algunas compras de última hora… espero que esta vez no se me olvide nada!

En anteriores viajes siempre he echado de menos llevar más libros, intento llevar lo mínimo y siempre me falta lectura, luego dispongo de mucho tiempo para leer y me arrepiento continuamente. Esta vez no será así, me fui a la tienda y compré estos cuatro libros, en sus ediciones de bolsillo, más baratas y sobretodo más ligeras. Todos son libros muy conocidos que llevaba tiempo deseando leer, como “Las Palmeras Salvajes” de Faulkner, “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez, “Las partículas elementales” de Houellebecq o “Rayuela” de Cortázar.

Las baterías de los cacharros están terminando de cargarse, quedan ya pocas cosas desperdigadas por el sillón que deba meter en la mochila, voy a repasar la lista por última vez, seguro que olvido algo! Intentaré postear de vez en cuando durante el viaje, pero ya veremos con que frecuencia…

4.1.07

Éxito y fracaso

"La bondad o la maldad del carácter de un individuo no se reflejan en el éxito momentáneo o en el fracaso, aquí abajo. El éxito o el fracaso no son, a fin de cuentas, más que manifestaciones de la Naturaleza. El bien y el mal son, sin embargo, naturalezas humanas. No obstante, es cómodo, por razones didácticas, expresarse como si el éxito o el fracaso en el mundo fueran el resultado directo de un buen o mal carácter"

-Hagakure- (Japón, siglo XVIII)

30.12.06

El Camino de los Molinos




El Camino de los Molinos se ha ido deteriorando con los años. Aunque de los molinos originales solo quedaban unas pocas ruinas, cuando era un crío, la cañada llevaba agua y los chopos se erguían junto al camino con sus troncos brillantes. En el riachuelo encontraba todo tipo de bichos que llevaba luego a mi acuario. Ahora resulta difícil recorrer el antiguo camino, la vaguada se ha secado y los chopos han caído desordenadamente sobre la hierba.

26.12.06

Navidades en Biar



Tiempo de pasar unos días en el pueblo con la familia y el turrón. El jardín está en pleno invierno, umbrío y lleno de hojas secas, pero dentro de casa, gracias al calor de los radiadores y del vino, mantenemos el frío detrás de las puertas.

Me gusta salir a media mañana, con un grueso abrigo, y pasear bajo el sol de invierno. Sentir su calor y al mismo tiempo estremecerme ante la menor racha de aire helado... es un contraste delicioso.







25.12.06

La actitud frente a la tormenta

"Existe lo que se llama la actitud ante la tormenta. Cuando uno es sorprendido por una repentina tormenta se puede, o bien correr lo más aprisa posible, o bien colocarse rápidamente bajo los alerones de las casas que bordean el camino. De todos modos nos mojaremos. Si uno ya estuviera preparado mentalemente a la idea de estar mojado, se estaría, a fin de cuentas, muy poco contrariado con la llegada de la lluvia. Se puede aplicar este principio con provecho en todas las situaciones."


-Hagakure- (Japón, siglo XVIII)

22.12.06

Snax en Biscuit


El viernes pasado, en Biscuit, estuvo actuando Snax (parte de Captain Comatose). Su actuación acabó a las 5.30h, pero se quedó por allí disfrutando de la música y el club. A la hora de cierre volvió a subir y animado por los que quedábamos en la sala, improvisó un par de temas al piano. Todo un espectáculo el Snax…

20.12.06

Aires de navidad



Se nota que se acercan las navidades, algunos amigos regresan por tierras valencianas y se multiplican las cenas y reuniones. Hace unos días vino Gabi, parece que cambia Suiza por España y se viene a vivir a Barcelona, aunque antes vino a hacernos una visita. También a aparecido Jordi, desde Berlín, donde debe llevar ya casi dos años, parece que la gente que se va a la capital alemana ya no vuelve más que de visita...





17.12.06

¿Es Jorge el nuevo Link?



El viernes actuó Ciudadano en Biscuit, con un nuevo formato acústico. El look de Jorge con la melódica me recordaba inevitablemente al Flautista de Hamelin, o al más reciente Link, el héroe de Zelda.

16.12.06

Un cuento

En un reino muy lejano había un Rey que tenía un enorme palacio que albergaba innumerables maravillas y tesoros, pero lo que este Rey más amaba eran dos delfines para los que había construido un enorme estanque en unos de los jardines más bellos de palacio.

Un buen día los delfines mordisquearon y se tragaron el plástico que protegía el borde del estanque y enfermaron gravemente. El Rey hizo llamar a médicos, magos y brujos, pero todos fracasaron en su intento de salvar a los delfines. Afortunadamente este Rey tenía una hija a la que le gustaba mucho leer, y en su biblioteca contaba con un ejemplar reciente del Libro Guinness de los Records. Preocupada por la suerte de los delfines y la tristeza de su padre, recordó haber leído algo a cerca del hombre más alto del mundo que vivía en los campos de Mongolia y se le ocurrió una idea. Se enviaron mensajeros en su búsqueda y una vez en palacio diez de los hombres más fuertes del Rey sujetaron y abrieron la boca de los delfines mientras el Hombre Más Alto del Mundo estiraba el Brazo Más Largo del Mundo garganta abajo, hasta llegar al estómago, donde agarró con fuerza los pedazos de plástico extrayéndolos, salvando así la vida de los delfines y devolviendo la alegría al Reino.

La noticia original aquí y aquí. Pero es casi lo mismo que mi historia…

15.12.06

En el Consulado

El otro día estuve en el Consulado de la India, sacando el visado para mi viaje en Enero. Entrar allí fue cómo estar de nuevo en la India por unos instantes, muchos indios esperaban turno sentados por las sillas y en el aire flotaba el inconfundible olor a té indio. El olor tiene una fuerza increíble para transportarte a lugares o vivencias sucedidas mucho tiempo atrás y que permanecen semidormidas en la memoria.
Salí de allí con la sensación de que ya estaba casi iniciando el viaje, con unas ganas enormes de reencontrarme con el país que tanto me impacto hace ya casi dos años...

14.12.06

En Denia



El puente pasado estuvimos unos días en casa de Ana en Denia. Dormir largo y tendido, desayunar zumo de las naranjas del jardín, dar un paseo por una playa desierta, abrir botellas de vino para comer, para merendar y para cenar, repantingarnos en los sofás para leer en silencio o para charlar animadamente sobre cualquier tema que surja… Es fantástico cuando puedes pasar unos días en los que tu mayor problema es decidir si hacer el pescado al horno o en las brasas de la chimenea.





12.12.06

Jesús de Chocolate

Esta es una canción para todos a los que les cuesta levantarse un Domingo por la mañana para ir a la Iglesia... He descubierto algo, es una golosina. Y es algo así como la Inmaculada Concepción. Hay una cruz por una cara y un pasaje de la Biblia en el otro, y te lo metes en la boca y cuando te lo has tragado, te levantas y te vas... Pues esto es algo para los críos. Se llama "El Jesús de Chocolate”

Esto es lo que parece ser que dice Tom Waits antes de comenzar su actuacción en el Letterman Show. Perfecta escenificación para el genial músico, que se retuerce bajo el confeti megáfono en mano.

Cuarentena

Cuarenta días sin poner ningún post, uff! como pasa el tiempo. El caso es que estos últimos meses he estado muy liado, demasiadas cosas!, así que necesitaba dejar algunas a un lado, o por lo menos hacer un paréntesis. El blog fue una de las primeras cosas en caer, pero ahora, un poco más tranquilo, me propongo retomarlo… aunque sea de forma más tranquila, con posts más espaciados, ya se verá…